Mindfulness para Niños

mayo 17, 2016

El mindfulness y la meditación no solo son eficaces para los adultos, sino que desempeñan un papel importante en el desarrollo emocional del niño y en su felicidad.

Convivir con estas prácticas les permite explorar su cerebro y estar a solas consigo mismos, ausentarse del mundo exterior y de sus presiones y enfrentarse a la exploración de su mente y sus circunstancias.

Los niños pueden aprender a meditar (aunque las técnicas utilizadas sean ligeramente distintas a las de los adultos). Además, pueden hacerlo mejor y más rápidamente que los adultos. No en vano la neuroplasticidad de un cerebro joven es mucho mayor que la de un adulto. La meditación, cuanto antes se introduzca en la vida, mayores beneficios tendrá en su desarrollo.

La práctica de Mindfulness enseña a los niños y adolescentes a permanecer concentrados en el momento presente  y a relacionarse de un modo más adaptativo consigo mismos y con los demás. Su práctica les enseña a observar y aceptar sus emociones y pensamientos con el fin de que de que puedan conocerse mejor a sí mismos  y así, gestionar mejor su comportamiento ante distintas situaciones.

El objetivo de la práctica de mindfulness aspira a que niños  y adolescentes desarrollen equilibradamente habilidades académicas, sociales y emocionales.

En la actualidad, el mindfulness está siendo incorporado en intervenciones protocolorizadas demostrando beneficios en diversas condiciones clínicas, así como cambios cerebrales funcionales.

IMG_7236IMG_7235

Beneficios de la práctica de Mindfulness en niños:

Las investigaciones han demostrado que los niños que practican mindfulness:

  • Son más capaces de centrarse y concentrarse
  • Experimentan una calma creciente
  • Experimentan una reducción del estrés y la ansiedad, los pensamientos negativos y la agresividad. Como consecuencia, la habilidad del niño para relacionarse, empatizar y convivir con los demás también mejora.
  • Mejoran el control de los impulsos y autocontrol
  • Son más conscientes de sí mismos
  • Desarrollan una actitud más amable y de aceptación con uno mismo
  • Descubren formas más adecuadas de responder a las emociones difíciles, mejoran la inteligencia emocional y la capacidad de gestionar las emociones. La práctica de mindfulness ayuda al niño a expresar su mundo interior, lo que contribuye a normalizar sentimientos desagradables como el miedo, la tristeza o la vergüenza.
  • Desarrollan  su capacidad de percepción y sensibilidad artística, lo que posibilitará el aprendizaje consciente tanto en la escuela como en otros ámbitos de la vida, hecho que repercute directamente aumentando la creatividad, velocidad de reacción y sus capacidades y habilidades de conocimiento y rendimiento en las diferentes disciplinas, como los idiomas, el deporte o la música.
  • Mejoran el rendimiento académico, disminuyendo, además, el absentismo escolar.
  • Además, la meditación fomenta la plasticidad neuronal y estimula no solo las áreas relacionadas con la atención, sino también las sociales, con lo que favorece la integración de los dos hemisferios, tan necesaria en la estabilidad y el aprendizaje consciente. Al actuar sobre el área prefrontal del cerebro, ayuda a controlar el miedo y a favorecer la empatía, por ejemplo.

Mindfulness y TDAH

Asímismo, comienza a ser estudiado en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), sugiriendo mejora en la regulación atencional, emocional y conductual.

El Mindfulness aplicado al TDAH se basa en un programa cuyo objetivo clave es proporcionar a los niños herramientas de autocontrol que les permitan aumentar su capacidad de concentración y reducir la hiperactividad, incluyendo a los padres en el proceso, para así integrar estas prácticas en el ámbito familiar y mejorar las relaciones familiares.

Estos beneficios se producen debido a que el mindfulness provoca cambios estructurales y funcionales a nivel cerebral. Con esta técnica se puede lograr un aumento de la actividad de los circuitos frontoestriados y se potencia el trabajo neuronal en todo el lóbulo frontal, que es el principal encargado del control de la conducta y de la capacidad para concentrarse.